Cosas de casa 1 y 2

Cosas de casa

Nuestra relación empezó muy bien. La dejaba tranquila cada mañana para que pudiese desarrollar su labor sin interferencias, y ella me enviaba un mensaje indicando que había concluido.

En caso de necesidad me avisaba al móvil y yo le ponía remedio. Al volver a casa la trataba de maravilla, le daba las gracias, la aseaba y la volvía a colocar en su lugar de reposo.

Pero ahora estoy convencida de que me ha cogido manía, hace cosas muy raras últimamente. Hoy, sin ir más lejos, la he pillado intentando atravesar la barrera que le puse para evitar accidentes. Y eso que es por su propio beneficio, porque se quedó atrapada un par de veces.

En su descargo, debo decir también, que tengo dos perros en casa, cuya piel está cubierta por sendas mantas de pelo, largo y abundante. Pero eso no es óbice para su comportamiento actual, al menos así me lo garantizaron al principio.

En estas últimas semanas confieso que la he relegado un poco. Por culpa del calor extraordinario he decidido que no trabaje todos los días y he colocado a su lado una torre de ventilador. Y claro, como no tenía a mano un dispositivo para enchufar dos cosas simultáneas, la desconecto por la noche.

Creo que le ha sentado mal, y ya no ha hecho caso a la programación, así que hoy se ha rebelado y ha intentado meterse por debajo de la rejilla de protección del sofá balancín.

¡Mi Roomba, es mi amiga!, que lo sepáis todos y yo la quiero mucho.

Lo digo por si le vale como desagravio y mañana se porta bien.

Macu 30 de junio de 2019

Estamos a 4 de julio y me la ha vuelto a liar.

Esta mañana he salido a pasear los perros, como siempre, y la he dejado programada para trabajar. Al volver a casa sobre las once todo estaba correcto, la he limpiado y colocado en su base.

Después he dejado todas las puertas abiertas, suelo cerrar algunas habitaciones donde veo peligro de que se quede atrancada, y he dado de comer a los perros.

Me he entretenido un rato preparando la comida porque los jueves tengo la costumbre de salir a tomar algo con mi grupo de amiguetes jubilados y no jubilados. Sobre las doce y media he salido de casa tan tranquila; he dejado el ventilador en el salón. Tuco se tumba enfrente y Chavo se pone en la puerta, pero sus colchonetas estaban colocadas en el suelo.

Es decir, para abreviar, toda la casa estaba a su disposición, incluyendo los perros.

Sobre las dos y media he vuelto a casa, he comido y me he sentado en el sillón balancín, entonces he mirado el móvil que no había vuelto a mirar desde las doce, y me he encontrado con el mensaje:

“Roomba, rueda derecha atascada, necesita su actuación”, al principio he pensado que el mensaje era atrasado pero luego he abierto la aplicación y me decía:

Trabajo iniciado a las 12,45h,

Roomba detenida durante dos horas y diez minutos,

Eventos tres.

Apagar; terminar trabajo; volver a base.

Con un vuelco en el corazón le he dado a terminar trabajo y he saltado del sillón para buscarla.

Como toda la casa estaba a su disposición no sabía por donde empezar, así que he entrado en todas partes sin verla, luego, después de un par de recorridos infructuosos, he dado con ella. Debajo del radiador del cuarto de baño, encajada.

Me ha costado sacarla, levantando a duras penas el radiador y tirando de ella con miedo de hacerle una avería, y al conseguirlo ha empezado a hablar. Casi la suelto de golpe.

Como no sé nada de inglés no sé si me ha dado las gracias, me ha llamado imbécil o me ha recitado un poema, ¡maldita ignorancia!

Si no pensase que la revolución de las máquinas está muy lejos aún, creo que me habría dado un jamacuco.

Y aquí estoy, contando la última contingencia de mi Roomba díscola e imprevisible.

Porque hubiera sido un desastre que entrase en el salón y se chocase con el ventilador, o hubiese acosado a los perros y estos se hubiesen atrevido a enfrentarse a ella o.. madre mía, si se mete en la cocina y tira el recipiente que les pongo para beber…

En fin, el sábado la volveré a dejar sola, aunque ya no me fío nada, pero nada de ella…

Macu 4 de julio de 2019

Incendio

Se me incendió el aceite en la cocina. Se quemó la campana y se formó un lío terrible cuando llamé al 112 y se desplegó el operativo con municipales, ambulancias y demás. No pasó nada grave porque yo apagué el fuego, pero pudo pasar. Luego mis vecinos me gastaban bromas con mi afición a poner en verso cualquiera acontecimiento, así que aquí está mi poema al incendio.

Anecdotario del Zóbel (1)

En el principio era el Cielo y la Tierra, los peces del agua, los animales terrestres y las aves del aire… y luego nació la educación mixta en Cuenca.

¡Tachán!… un instituto mixto por fin.

Vino al mundo con ciertas dificultades; la matrícula se abrió en septiembre, de modo que los alumnos eran de dos clases: gente motivada y concienciada en la sociedad moderna y actual que esperaron su apertura para matricularse (entre ellos estaba “Jesucristo” mi hermano) y de ese modo participar en la novedad de una ciudad sin cortapisas, o gente que había suspendido en junio y debía examinarse en septiembre, o sea “lo mejor de cada casa”, según algunos. Pero era verdad y ahí estaba yo, bueno yo y otros setenta más, profesores de bachillerato (entonces sólo había bachillerato, y COU), jóvenes e ilusionados, interinos la mayoría o recién aprobadopositores, que intentábamos dar clase y además enseñar nuestros saberes.

Las actas de los claustros de los primeros años son realmente apetitosas, podría escribirse un buen relato sólo copiando su contenido, pero no es esta mi idea.

Mi anecdotario del Zóbel:

Primera sesión.

Cuando Guadalupe, profesora de geografía, entró en la sala con el mapa que siempre llevaba a modo de báculo, preguntando por mí, casi me da un mal.

– ¿Eres la tutora de 2º F? – dijo, con aquella parsimonia suya que destilaba ternura —

– Si, ¿…porqué? – Contesté con preocupación

– Me falta media puerta y así no puedo dar clase….

– ¿Cómooooo?, ¿pero eso qué es?

– Pues la puerta no cierra porque es la mitad y así no se puede trabajar.

– Pero Doña Guadalupe (entonces la llamaba de usted) no la entiendo. Quiere explicármelo, ¿por favor?

Ya lo sé, os pasa lo mismo que a mí, no entendéis nada, tranquilos sigo contando.

– Bueno, mejor acompáñame y tú misma ves la situación.

Y la vi, vaya que si la vi. Me dio un ataque de risa pero tenía que disimularlo a cualquier precio, di vuelta a la cabeza, entré en el aula y pregunté – ¿Quién ha sido?

Silencio total

– Repito ¿quién ha sido?

…silencio y murmullitos,

– … ¡o me decís quién ha sido o no sale nadie del aula!

… Silencio, risitas y miradas disimuladas a un pupitre.

Antes de seguir un inciso.

Si paseáis los pasillos del Zóbel habréis visto que sus paredes no están enlucidas, son de ladrillo visto, y las puertas de madera son de tablas verticales; hay muchas, una por aula, pero además hay recintos más pequeños que albergan los enseres de la limpieza, en algunos hay un lavabo grande para llenar los cubos. Ahora todas esas puertas están cerradas con llave, pero al principio no. Las dimensiones verticales de todas las puertas son idénticas, no así la anchura de las mismas.

¿Vais imaginando la situación?

… El pupitre que se remueve da paso a un carraspeo y entonces la carcajada general.

– Es que Andrés sabe de carpintería y ha desmontado la puerta del aula, la hemos escondido, luego ha desmontado la puerta del cuarto de la limpieza y entonces la ha puesto aquí…

– …pero ¿a que queda chula? No se enfade doña Guadalupe, ahora la cambio.

Y Andrés se va pasillo adelante, abre otro de los almacenillos de limpieza y ahí está, la puerta 2ºF, ladeada y embutida como un artefacto maligno en su escondite.

Sólo quedan veinte minutos para que toque el timbre pero Doña Guadalupe tiene muy buena pasta y seriamente coloca su mapa en la pizarra, abre su cartera, pone sobre la mesa el cuaderno de notas, el lápiz, los libros… y empieza a pasar lista.

Porque vosotros no habéis conocido el sistema de enseñanza en el que yo empecé a dar clase; tampoco es el mismo que padecí como estudiante, ni siquiera se acerca al que ahora se empieza a implantar-derogar, pero los alumnos de quince años siguen teniendo quince años y eso es difícil de admitir.

Aunque, pensándolo bien, los quince años también están un poco devaluados actualmente.

Mi anecdotario no está ordenado, porque mi cabeza nunca lo ha sido, digo ordenada, pero da un poco igual, creo yo.

Anecdotario del Zóbel (6)

Hace ya unos años comencé a escribir sobre mi estancia en el instituto donde he trabajado desde el curso 78 – 79 hasta el momento de mi jubilación. Comencé llamando sesiones a cada una de las anécdotas que contaba. Creo que esta sexta sesión merece la pena estar aquí.

Sexta sesión

En cuarenta años de profesión tratando con alumnos y compañeros de trabajo han pasado por mi vida personajes y personas de todo tipo y condición, algunas han dejado una huella muy fuerte, otras un leve arañazo y unas pocas se han sumergido en el bloque blando y esponjoso en que se ha convertido mi cerebro. Lo que pasa es que a veces un meneo fuerte, por parte del recuerdo contado en voz alta, hace que el bloque ponga en marcha la red de pescar y salen a flote.

Claustro de inicio de curso, se lee el acta del claustro anterior, se aprueba y se presenta a los nuevos compañeros, luego se hacen las previsiones de grupos y se entregan a los jefes de departamento para hacer el reparto de horas, a lo largo de la mañana se realizan las correspondientes reuniones y se llevan a jefatura para que pueda planificarse el horario.

Bajamos al departamento

Una percepción se hace hueco en las conversaciones y se empieza a apoderar de toda la humanidad claustral.

– ¿Os habéis dado cuenta?.

– Si, ¡¡¡¡…anda que!!!

– Casualidades como esta, pocas.

No sé de lo que hablan, la curiosidad me puede y pregunto.

– Pues los dos nuevos profesores de dibujo tienen sólo un brazo normal, es decir, tienen minusvalía y además comparten departamento con la profesora de Hogar que también se lesionó la mano derecha de modo permanente.

– Jo… qué cosas!

Era de ver cómo se manejaban, increíble. Uno de ellos, Juan Pumareta, era además muy guapo y el ídolo de las chicas, tenía una inquietud muy grande por la enseñanza y todas las novedades que iban surgiendo. Se hizo cargo del laboratorio de fotografía que nos cedió Fernando Zóbel cuando se dio su nombre al instituto, también preparó una sesión de teatro en el gimnasio y muchas otras actividades. De él partió la idea de colocar papel de celofán doblado entre dos polarizadores lineales, una de mis prácticas favoritas en óptica, y uno de mis vídeos de youtube con más visualizaciones. Acabo de buscarlo en internet y si mis investigaciones son correctas, está destinado en el instituto Antonio Machado de Soria, pinta y hace exposiciones con mucho éxito y además le dedican sonetos. Le he enviado una “solicitud de amistad” en facebook pero aún no me ha contestado, sospecho que no abre mucho la página.

A Fornés, que era además jefe de departamento le gastaron una broma muy tremenda, los “ingeniosos” a los que me he referido antes. Lo pasó bastante mal un par de días pero luego se rió con ellos y con todos nosotros al relatarla.

Una de las actividades tradicionales del Zóbel era la visita al Museo del Prado. Se viajaba con dos o tres autobuses y seis o siete profesores, ya que era una excursión de gran interés.

El Prado nos señalaba día y hora cada año pero solicitaba como requisito indispensable, el nombre y documentación de los responsables. Los profesores acompañantes solían ser los tutores de los grupos y uno o varios representantes de Dibujo e Historia del Arte, que se encargaban de la organización y documentación.

Se realizó el viaje esta vez con la colaboración del departamento de Latín.

A los cuatro días de la vuelta se recibió una carta con remitente y membrete del Museo del Prado, dirigida al jefe de Departamento de Dibujo. Emilio, el bedel la subió a la sala con urgencia y se la dio. Sin dudar un momento, pero con cierta preocupación abrió la carta y comenzó a leer. Todos los presentes nos quedamos de piedra cuando un taco poco repetible salió por su boca; al principio se puso pálido pero su color fue virando progresivamente al amarillo,…verde, y finalmente al rojo, un rojo bermellón que incendiaba sus ojos hinchando además las venas del cuello.

– ¡No puede ser! – Gritó de nuevo.

– ¡…..Imposible! ¡Si yo no les perdí ojo..!

– …..Esto es un error. Voy a llamar ahora mismo.

Salió por la puerta hacía Jefatura como alma que lleva el diablo sin darnos siquiera opción de preguntarle ¿qué ha pasado?

Las correspondientes especulaciones empezaron a tomar cuerpo y cada uno daba su versión.

Nadie se acercaba ni con mucho al verdadero contenido de la carta.

Otra vez la broma se hacía fuerte.

Los bromistas habían comprado una postal y pidieron por favor, sobre y papel con el membrete oficial en la recepción del Museo. Luego escribieron la carta y falsificaron el matasellos de correos, dieron la carta al bedel (antes eran llamados así) y esperaron.

A la salida de la sala de profesores estaban ellos, lo acompañaron con mucho afecto a Jefatura, le preguntaron y Manuel les leyó descompuesto y muy preocupado la dichosa carta, puesto que habían sido compañeros en la excursión y era la primera vez para él.

Grossomodo, en ella se decía que los alumnos del instituto habían destrozado uno de los cuadros del Museo con pintadas en las que además habían firmado, hacía responsable al profesor que estaba con ellos en ese momento y planteaba la denuncia oficial a dicho profesor, el cuál debía personarse en el juzgado número tal, el día tal ….. etc, etc.

Siguieron aguantando el tipo aún un rato más, incluso consintieron que hiciera la llamada al Museo, y… cuando iba a dar lectura a la carta le cortaron la comunicación.

La risa pudo con ellos.

Fornés, volvió la cabeza, al principio sorprendido, pero luego indignado. Un par de días después y tras largas discusiones en las que hubo todo tipo de lindezas pasó por la sala y comentó

– ¡Buena me la liasteis, cabrones! – y se echó a reír.

La historia comenzó a contarse con la tranquilidad que da saber que la tensión ha desaparecido.

NOTA IMPORTANTE

Hoy 23 de febrero de 2017 me he reunido a comer con otros tres jubilados compañeros en el instituto, de la misma antigüedad que yo; hablando de todo un poco ha salido a relucir esto que estoy haciendo y he descubierto que la anécdota que acabo de relatar tiene varios errores. Mi memoria no es buena y me preocupa, pero me preocupa más aun mi inventiva.

Manuel de la Pola, director en la época descrita, me ha confirmado que la carta salió de su despacho, y el papel era suyo. Lo tenía guardado por una razón muy comprensible, el Prado había cambiado de encabezado y el papel sobrante le llegó por medio de un conocido.

La carta no la entregó un bedel si no él personalmente.

Además el contenido de la carta no era tan amenazador y sin embargo si era muy llamativo por el lenguaje fuera de tiempo y totalmente absurdo y chocante.

Lo mejor del caso es que otro de los compañeros, Carlos, que en aquel momento era jefe de estudios, guarda la carta. Y me la acaba de dar.

La he fotocopiado y trataré de incluirla tal cual, pero no me resisto a transcribirla.

Madrid, 12 de Diciembre de 1981

Sr D. Manuel Fornés Gómez

Profesor del I.B. “Fernando Zóbel”

Cuenca

Muy Sr. mío y de mi mayor consideración:

Ante la denuncia efectuada en esta dirección por los servicios competentes, tanto de orden como de información y vigilancia de este Museo, tras la visita efectuada en el día de ayer, 11 de Diciembre,de 11, 15 h a 12, 30 h, por un Grupo, al parecer a su cargo, y sin perjuicio de las actuaciones legales ya iniciadas y en las que,personalmente, he insistido que se lleven a efecto con la mayor premura y el máximo rigor, quiero hacerle llegar las siguientes consideraciones personales:

1.-Ni en los Archivos de este Museo ni en el recuerdo de los más antiguos funcionarios adscritos al mismo, existe constancia de conductas tan inciviles, de actuaciones y comportamientos tan vandálicos y de una falta de sensibilidad tan notoria y tan rayana con procederes que harían enrojecer a seres irracionales por su grosería, descomedimiento, inurbanidad y descaro, como los protagonizados por la “pandilla” que Vd. “capitaneaba” y, mucho nos tememos, que incitaba.

Si a lo dicho añadimos su aparente calidad de Profesor, de la que se sirvió para penetrar en este recinto, y que bajo este pretexto, Vd. maculó el sagrado nombre de la profesión docente, de la que me honro en formar parte, es mucho más evidente que su actuación merece una sanción ejemplar y prototípica.

2.-Sin duda me produce rubor y verecundia tener que, a modo de ejemplo,transcribir algunas de sus actuaciones, si no las de mayor gravedad, sí las más palmarias:

a) Doña Caridad Rebolledo, bedela de la sala II, por donde Vd. comenzó la visita, persona algo rellenita debido a problemas con su metabolismo basal, insiste en que, tras mirarla de soslayo, Vd. anunció con voz clara y fuerte: “Señores, estamos en el Museo del Prado”. Ahí tienen un genuino prototipo de vaca, una de las que por aquí pastan” subrayando este comentario con una sonora carcajada.

b) ¿Quién ante la vista de “Las tres Gracias” de P.P. Rubens y ante la átonita mirada de Sor Consuelo del Santo Patrocinio, allegada y deuda del Patriarca de Olot  V.G.C. estalló en un sonoro pedo, al tiempo que proclamaba: “Viva la Ley Castellana”.?

c) Don Genaro Fernández de Mogravejo y Mon, adscrito al departamento de Vigilancia y de servicio ese día en el Monitor que a través del objetivo instalado en el … (¡con perdón!) coño de la “Maja Desnuda” permite la vigilancia total de la Sala, ha puesto en mis manos la porción de Video correspondiente a su visita en la que puede apreciársele a Vd. realizando un “corte de mangas”, en catalán “butifarra”, al tiempo que exclama: ¡Olé tus cojones, Paco! (por mi reverenciado Don Francisco de Goya) y dirigiéndose a sus acompañantes: “¡Muchachos, éstas son carnes prietas y no las de mi patrona!”.

Los ejemplos serían innumerables y muchos de ellos, por desgracia, irreproducibles. Solo me resta poner en su conocimiento que, de estos hechos, doy cuenta cumplida a las siguientes autoridades:

Don Bonifacio Celada y Gutierre de Ampuer,  Director Vitalicio de la Institución Municipal de Enseñanza Pública de la Pedanía Volantenº2 adscrita al Ayuntamiento de CACABELOS (León), para que figure a perpetuidad en el anexo 7 de su Expediente.

Don Norberto Pasquinelle, Redactor-Jefe del Departamento de Chorradas del O.L.D.R. (Cuenca)

Sr. Inquisidor General del Conventus Jurídico Ercavicense

Aquí una rúbrica

Fdo: Federaco Sopiña i Boina s.j.

Y hasta aquí el compendio de despropósitos de la carta. Yo supongo que los nervios y el susto no permitieron a Fornés recapacitar sobre el contenido “a todas luces jocoso” de la dichosa carta, y sólo cuando la leyese despacio y sin presión se daría cuenta de la broma.

Las llaves de Mariluz

Tengo una amiga, «campanilla», que es una revolución. Es muy trabajadora pero se despista con facilidad. Cuesta trabajo seguirla y ya he tenido que echarle una mano un par de veces, porque se deja las llaves en casa. Menos mal que yo tengo una copia, y ella tiene una copia de las mías. Vivimos solas, y muy cerca, así que cuando nos conocimos, decidimos el intercambio «por si acaso». Lo malo es que las dos primeras veces que se las dejó, estaban puestas en la cerradura y fue necesario llamar al cerrajero. Así que la tercera vez que me llamó, …

Anécdotas del Zóbel

He pensado incluir esta pequeña historia real en mi página, como muestra de las cosas que pasaban en el centro de bachillerato donde trabajé durante 37 años.

Esta es la segunda anécdota que he redactado y por eso la llamo

Segunda sesión.

El Zóbel se ocupó del bachillerato nocturno, que existía para dar la posibilidad de estudiar a las personas cuyo trabajo o circunstancias personales especiales no les permitían asistir a las clases de la mañana. Yo comencé a trabajar en ese turno cambiándolo con una compañera que tenía problemas en la espalda y precisaba rehabilitación por las mañanas. Éramos siete profesores en el departamento de Física y Química. Durante unos años seguí en el nocturno ya que el reparto de horas al comienzo de curso no me dejaba otra opción.

Los grupos de alumnos estaban formados por amas de casa, guardias civiles, trabajadores de empresa y algún que otro “chaval” que dejó los estudios y, al no encontrar trabajo, decidió volver para sacar el título de Bachiller. Dicho esto, comprenderéis que la mayoría de los profesores éramos más jóvenes que nuestros alumnos, y eso causaba multitud de situaciones curiosas, cuando menos.

Gloria, la profesora de Lengua y Literatura se desgañitaba y trataba de explicar una tarde de viernes que en las frases dónde hay que utilizar el verbo ser y luego referirse a uno mismo, por ejemplo: hoy se me ha perdido la cartera, siempre se escribe se, antes que me.

– otra: ayer se me declaró mi novio, siempre se dice SE, antes que ME

Y siguió escribiendo en la pizarra una colección completa. Después decidió recurrir a las reglas nemotécnicas de nuestros abuelos y les recordó – “las semanas van antes que los meses”, ¿verdad?, y todos contestaron a coro – “Siiiiiii señorita”

– pues vale, hasta el lunes. (Porque en aquellos tiempos había clase de Lengua todos los días).

Llegó el lunes, Gloria empezó su clase con las preguntas de rigor

– ¿Habéis estudiado este fin de semana? (Aún no se decía finde)

– ¿Tenéis alguna duda?

No hubo respuesta y comenzó la clase prevista. Cuando ya estaba a punto de tocar el timbre se oyó una voz.

– … señorita (levantando un brazo tímidamente)

– Es que en la tele hablan mal

– ¿Por qué?

– Pues yo lo escuché, y el locutor del telediario (sólo había dos cadenas, la primera y el UHF) ha dicho Hoy se proyecta una película de John Wayne pero no me seduce, lo ve, …..yo le he dicho a mi mujer que no se puede decir eso, y que usted nos lo había explicado muy bien. ¿A que tengo razón? Habría que decir Hoy se proyecta una película de John Wayne pero no se me duce.

– ……….¿?

Doña Gloria, ¿qué significa duce?

– ……. perdona, hablamos mañana, ¿te parece bien?

Cuando Gloria subió a la sala estaba pálida, no sabía si reír o llorar. Le preguntamos qué le pasaba y nos lo contó. Una carcajada general la sacó de su ensimismamiento y decía:

pero cómo puedo hacerlo tan mal, ¿qué debería haber dicho?, ¿cómo arreglo yo ahora este lío sin ofender a nadie?

Intentamos tranquilizarla, le dijimos que no se agobiase y sobre todo definiese el verbo seducir,

– ya verás cómo queda todo claro.

Y parece que surtió efecto porque bajó inmediatamente al aula, habló con el “preguntador” y volvió tranquila y con una sonrisa de oreja a oreja.

Nunca supimos quién había sido, y sus compañeros no hicieron ningún comentario pero la frase ha ido pasando de claustro en claustro durante generaciones……