Calle de atrás

Paseando anoche por la zona donde suelo sacar a los perros, que no es otra que la trasera de mi casa, me dí cuenta de que todos tenemos una parte que mostramos, a la que nos asomamos y nos enorgullece, pero también hay una calle en la trasera del edificio, con algún callejón sin salida, igual que en nuestra propia vida. Así acabo de contarlo.

Inmensidad (pesadilla)

Después de una pesadilla en la siesta he sentido la necesidad de escribir, esto es un tanto surrealista pero no me quedaba más remedio que contarlo. Aunque suelo usar la rima esta vez no lo he hecho.

De primera

Un desahogo en dos poemas, sobre el poco aprecio a la gente que trabaja en su humilde idea de hacer poesía, con todo lo que ello lleva aparejado. El afán de destacar y la necesidad de plantearse de nuevo las expectativas de reconocimiento, en una sociedad llena de prejuicios y malas praxis.

Conviene que sepas…

Dedicado a mi querido Luis, que me dejó hace ya tres años y no pasa un solo instante en que no lo tenga en mi pensamiento. ¡Como te quise!

Incendio

Se me incendió el aceite en la cocina. Se quemó la campana y se formó un lío terrible cuando llamé al 112 y se desplegó el operativo con municipales, ambulancias y demás. No pasó nada grave porque yo apagué el fuego, pero pudo pasar. Luego mis vecinos me gastaban bromas con mi afición a poner en verso cualquiera acontecimiento, así que aquí está mi poema al incendio.

Anecdotario del Zóbel (6)

Hace ya unos años comencé a escribir sobre mi estancia en el instituto donde he trabajado desde el curso 78 – 79 hasta el momento de mi jubilación. Comencé llamando sesiones a cada una de las anécdotas que contaba. Creo que esta sexta sesión merece la pena estar aquí.

Sexta sesión

En cuarenta años de profesión tratando con alumnos y compañeros de trabajo han pasado por mi vida personajes y personas de todo tipo y condición, algunas han dejado una huella muy fuerte, otras un leve arañazo y unas pocas se han sumergido en el bloque blando y esponjoso en que se ha convertido mi cerebro. Lo que pasa es que a veces un meneo fuerte, por parte del recuerdo contado en voz alta, hace que el bloque ponga en marcha la red de pescar y salen a flote.

Claustro de inicio de curso, se lee el acta del claustro anterior, se aprueba y se presenta a los nuevos compañeros, luego se hacen las previsiones de grupos y se entregan a los jefes de departamento para hacer el reparto de horas, a lo largo de la mañana se realizan las correspondientes reuniones y se llevan a jefatura para que pueda planificarse el horario.

Bajamos al departamento

Una percepción se hace hueco en las conversaciones y se empieza a apoderar de toda la humanidad claustral.

– ¿Os habéis dado cuenta?.

– Si, ¡¡¡¡…anda que!!!

– Casualidades como esta, pocas.

No sé de lo que hablan, la curiosidad me puede y pregunto.

– Pues los dos nuevos profesores de dibujo tienen sólo un brazo normal, es decir, tienen minusvalía y además comparten departamento con la profesora de Hogar que también se lesionó la mano derecha de modo permanente.

– Jo… qué cosas!

Era de ver cómo se manejaban, increíble. Uno de ellos, Juan Pumareta, era además muy guapo y el ídolo de las chicas, tenía una inquietud muy grande por la enseñanza y todas las novedades que iban surgiendo. Se hizo cargo del laboratorio de fotografía que nos cedió Fernando Zóbel cuando se dio su nombre al instituto, también preparó una sesión de teatro en el gimnasio y muchas otras actividades. De él partió la idea de colocar papel de celofán doblado entre dos polarizadores lineales, una de mis prácticas favoritas en óptica, y uno de mis vídeos de youtube con más visualizaciones. Acabo de buscarlo en internet y si mis investigaciones son correctas, está destinado en el instituto Antonio Machado de Soria, pinta y hace exposiciones con mucho éxito y además le dedican sonetos. Le he enviado una “solicitud de amistad” en facebook pero aún no me ha contestado, sospecho que no abre mucho la página.

A Fornés, que era además jefe de departamento le gastaron una broma muy tremenda, los “ingeniosos” a los que me he referido antes. Lo pasó bastante mal un par de días pero luego se rió con ellos y con todos nosotros al relatarla.

Una de las actividades tradicionales del Zóbel era la visita al Museo del Prado. Se viajaba con dos o tres autobuses y seis o siete profesores, ya que era una excursión de gran interés.

El Prado nos señalaba día y hora cada año pero solicitaba como requisito indispensable, el nombre y documentación de los responsables. Los profesores acompañantes solían ser los tutores de los grupos y uno o varios representantes de Dibujo e Historia del Arte, que se encargaban de la organización y documentación.

Se realizó el viaje esta vez con la colaboración del departamento de Latín.

A los cuatro días de la vuelta se recibió una carta con remitente y membrete del Museo del Prado, dirigida al jefe de Departamento de Dibujo. Emilio, el bedel la subió a la sala con urgencia y se la dio. Sin dudar un momento, pero con cierta preocupación abrió la carta y comenzó a leer. Todos los presentes nos quedamos de piedra cuando un taco poco repetible salió por su boca; al principio se puso pálido pero su color fue virando progresivamente al amarillo,…verde, y finalmente al rojo, un rojo bermellón que incendiaba sus ojos hinchando además las venas del cuello.

– ¡No puede ser! – Gritó de nuevo.

– ¡…..Imposible! ¡Si yo no les perdí ojo..!

– …..Esto es un error. Voy a llamar ahora mismo.

Salió por la puerta hacía Jefatura como alma que lleva el diablo sin darnos siquiera opción de preguntarle ¿qué ha pasado?

Las correspondientes especulaciones empezaron a tomar cuerpo y cada uno daba su versión.

Nadie se acercaba ni con mucho al verdadero contenido de la carta.

Otra vez la broma se hacía fuerte.

Los bromistas habían comprado una postal y pidieron por favor, sobre y papel con el membrete oficial en la recepción del Museo. Luego escribieron la carta y falsificaron el matasellos de correos, dieron la carta al bedel (antes eran llamados así) y esperaron.

A la salida de la sala de profesores estaban ellos, lo acompañaron con mucho afecto a Jefatura, le preguntaron y Manuel les leyó descompuesto y muy preocupado la dichosa carta, puesto que habían sido compañeros en la excursión y era la primera vez para él.

Grossomodo, en ella se decía que los alumnos del instituto habían destrozado uno de los cuadros del Museo con pintadas en las que además habían firmado, hacía responsable al profesor que estaba con ellos en ese momento y planteaba la denuncia oficial a dicho profesor, el cuál debía personarse en el juzgado número tal, el día tal ….. etc, etc.

Siguieron aguantando el tipo aún un rato más, incluso consintieron que hiciera la llamada al Museo, y… cuando iba a dar lectura a la carta le cortaron la comunicación.

La risa pudo con ellos.

Fornés, volvió la cabeza, al principio sorprendido, pero luego indignado. Un par de días después y tras largas discusiones en las que hubo todo tipo de lindezas pasó por la sala y comentó

– ¡Buena me la liasteis, cabrones! – y se echó a reír.

La historia comenzó a contarse con la tranquilidad que da saber que la tensión ha desaparecido.

NOTA IMPORTANTE

Hoy 23 de febrero de 2017 me he reunido a comer con otros tres jubilados compañeros en el instituto, de la misma antigüedad que yo; hablando de todo un poco ha salido a relucir esto que estoy haciendo y he descubierto que la anécdota que acabo de relatar tiene varios errores. Mi memoria no es buena y me preocupa, pero me preocupa más aun mi inventiva.

Manuel de la Pola, director en la época descrita, me ha confirmado que la carta salió de su despacho, y el papel era suyo. Lo tenía guardado por una razón muy comprensible, el Prado había cambiado de encabezado y el papel sobrante le llegó por medio de un conocido.

La carta no la entregó un bedel si no él personalmente.

Además el contenido de la carta no era tan amenazador y sin embargo si era muy llamativo por el lenguaje fuera de tiempo y totalmente absurdo y chocante.

Lo mejor del caso es que otro de los compañeros, Carlos, que en aquel momento era jefe de estudios, guarda la carta. Y me la acaba de dar.

La he fotocopiado y trataré de incluirla tal cual, pero no me resisto a transcribirla.

Madrid, 12 de Diciembre de 1981

Sr D. Manuel Fornés Gómez

Profesor del I.B. “Fernando Zóbel”

Cuenca

Muy Sr. mío y de mi mayor consideración:

Ante la denuncia efectuada en esta dirección por los servicios competentes, tanto de orden como de información y vigilancia de este Museo, tras la visita efectuada en el día de ayer, 11 de Diciembre,de 11, 15 h a 12, 30 h, por un Grupo, al parecer a su cargo, y sin perjuicio de las actuaciones legales ya iniciadas y en las que,personalmente, he insistido que se lleven a efecto con la mayor premura y el máximo rigor, quiero hacerle llegar las siguientes consideraciones personales:

1.-Ni en los Archivos de este Museo ni en el recuerdo de los más antiguos funcionarios adscritos al mismo, existe constancia de conductas tan inciviles, de actuaciones y comportamientos tan vandálicos y de una falta de sensibilidad tan notoria y tan rayana con procederes que harían enrojecer a seres irracionales por su grosería, descomedimiento, inurbanidad y descaro, como los protagonizados por la “pandilla” que Vd. “capitaneaba” y, mucho nos tememos, que incitaba.

Si a lo dicho añadimos su aparente calidad de Profesor, de la que se sirvió para penetrar en este recinto, y que bajo este pretexto, Vd. maculó el sagrado nombre de la profesión docente, de la que me honro en formar parte, es mucho más evidente que su actuación merece una sanción ejemplar y prototípica.

2.-Sin duda me produce rubor y verecundia tener que, a modo de ejemplo,transcribir algunas de sus actuaciones, si no las de mayor gravedad, sí las más palmarias:

a) Doña Caridad Rebolledo, bedela de la sala II, por donde Vd. comenzó la visita, persona algo rellenita debido a problemas con su metabolismo basal, insiste en que, tras mirarla de soslayo, Vd. anunció con voz clara y fuerte: “Señores, estamos en el Museo del Prado”. Ahí tienen un genuino prototipo de vaca, una de las que por aquí pastan” subrayando este comentario con una sonora carcajada.

b) ¿Quién ante la vista de “Las tres Gracias” de P.P. Rubens y ante la átonita mirada de Sor Consuelo del Santo Patrocinio, allegada y deuda del Patriarca de Olot  V.G.C. estalló en un sonoro pedo, al tiempo que proclamaba: “Viva la Ley Castellana”.?

c) Don Genaro Fernández de Mogravejo y Mon, adscrito al departamento de Vigilancia y de servicio ese día en el Monitor que a través del objetivo instalado en el … (¡con perdón!) coño de la “Maja Desnuda” permite la vigilancia total de la Sala, ha puesto en mis manos la porción de Video correspondiente a su visita en la que puede apreciársele a Vd. realizando un “corte de mangas”, en catalán “butifarra”, al tiempo que exclama: ¡Olé tus cojones, Paco! (por mi reverenciado Don Francisco de Goya) y dirigiéndose a sus acompañantes: “¡Muchachos, éstas son carnes prietas y no las de mi patrona!”.

Los ejemplos serían innumerables y muchos de ellos, por desgracia, irreproducibles. Solo me resta poner en su conocimiento que, de estos hechos, doy cuenta cumplida a las siguientes autoridades:

Don Bonifacio Celada y Gutierre de Ampuer,  Director Vitalicio de la Institución Municipal de Enseñanza Pública de la Pedanía Volantenº2 adscrita al Ayuntamiento de CACABELOS (León), para que figure a perpetuidad en el anexo 7 de su Expediente.

Don Norberto Pasquinelle, Redactor-Jefe del Departamento de Chorradas del O.L.D.R. (Cuenca)

Sr. Inquisidor General del Conventus Jurídico Ercavicense

Aquí una rúbrica

Fdo: Federaco Sopiña i Boina s.j.

Y hasta aquí el compendio de despropósitos de la carta. Yo supongo que los nervios y el susto no permitieron a Fornés recapacitar sobre el contenido “a todas luces jocoso” de la dichosa carta, y sólo cuando la leyese despacio y sin presión se daría cuenta de la broma.

Estás ahí

Más poemas para mi misma. Cuando vuelvo a leerlos me sonrojo. No tengo claro que alguien pueda comprender lo que estoy diciendo y a lo que me refiero. pero va.